mar 2a. Sem Pascua (Id=269)
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Alegrémonos, regocijémonos y demos
gracias, porque el Señor, nuestro Dios omnipotente, ha establecido su reinado.
Aleluya.
Gaudeámus et exsultémus et demus glóriam Deo,
quóniam regnávit Dóminus Deus noster
omnípotens, allelúia.
Oremos:
Haz, Señor, que nuestra vida toda sea testimonio vivo del poder de Cristo
resucitado, que nos ha hecho morir con él al pecado para que podamos resucitar
con él, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios,
por los siglos de los siglos.
Amén.
Tenían un solo corazón y una sola alma
Lectura del libro de los Hechos de los
apóstoles
4, 32-37
En el grupo de los creyentes todos pensaban
y creían lo mismo, y nadie consideraba como propio nada de lo que poseía, sino
que tenían en común todas las cosas. Por su parte, los apóstoles daban
testimonio con mucha fortaleza de la resurrección del Señor Jesús, y todos
gozaban de gran estima. No había entre ellos necesitados, porque todos los que
tenían bienes o casas los vendían, llevaban el dinero y lo ponían a disposición
de los apóstoles, y se repartía a cada uno según su necesidad.
Este fue el caso de José, un levita nacido en Chipre, a quien los apóstoles
llamaban Bernabé, que significa "el que trae consuelo". Este tenía un
campo, lo vendió, trajo el dinero y lo puso a disposición de los apóstoles.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
Salmo
Responsorial
Sal 92, 1ab.1c-2.5
El Señor es un rey magnífico.
Dóminus regnávit, decórem
indútus est.
El Señor es rey; está vestido de
esplendor; el Señor, vestido y rodeado de poder.
El Señor es un rey magnífico.
Dóminus regnávit, decórem
indútus est.
Firme e inconmovible está
El Señor
Dóminus regnávit, decórem
indútus est.
Tus mandamientos son inmutables, Señor,
la santidad adorna tu templo por años sin fin.
El Señor es un rey magnífico.
Dóminus regnávit, decórem
indútus est.
Aclamación
antes del Evangelio
Aleluya, aleluya.
El Hijo del hombre debe ser levantado en la cruz, para que los que creen en él
tengan vida eterna.
Exaltári opórtet Fílium
hóminis, ut omnis qui credit
in eum hábeat vitam ætérnam.
Aleluya.
Nadie ha subido al cielo sino el Hijo del
hombre, que bajó del cielo
† Lectura del santo Evangelio según san Juan
3, 11-15
Gloria a ti, Señor.
En aquel tiempo dijo Jesús a Nicodemo:
"Yo te aseguro que hablamos de lo que sabemos y damos testimonio de lo que
hemos visto; pero ustedes rechazan nuestro testimonio. Si no me creen cuando
les hablo de las cosas de la tierra, ¿cómo van a creerme cuando les hable de
las cosas del cielo?
Nadie ha subido al cielo, a no ser el que vino de allí, es decir, el Hijo del
hombre.
Lo mismo que Moisés levantó la serpiente de bronce en el desierto, el Hijo del
hombre tiene que ser levantado en alto, para que todo el que crea en él tenga
vida eterna".
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
Concédenos, Señor, que este sacrificio pascual
nos llene siempre de alegría, prosiga en nosotros tu obra redentora y nos
obtenga de ti la felicidad eterna.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
Cristo vive por siempre e intercede por nosotros
En verdad es justo y necesario, es nuestro deber
y salvación glorificarte siempre, Señor; pero más que nunca en este tiempo en
que Cristo, nuestra pascua, ha sido inmolado.
Porque él no cesa de ofrecerse por nosotros, de interceder por todos ante ti;
inmolado, ya no vuelve a morir; sacrificado, vive para siempre.
Por eso,
con esta efusión de gozo pascual, el mundo entero se desborda de alegría, y
también los coros celestiales, los ángeles y los arcángeles, cantan sin cesar
el himno de tu gloria:
[Misa]
Era necesario que Cristo padeciera y
resucitara de entre los muertos, para entrar en su gloria. Aleluya.
Opórtuit pati Christum, et resúrgere a mórtuis, et ita intráre in glóriam suam,
allelúia.
Oración después de la Comunión
Oremos:
Que el Cuerpo y la Sangre de tu Hijo, precio de nuestra redención, nos ayuden,
Señor, a cumplir tus mandamientos y a obtener nuestra felicidad eterna.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén
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